La enseñanza de la Iglesia sobre los fantasmas
Publicado el 2 de mayo de 2018 (bulldogcatholic.org).
Reproducido con permiso.
P: ¿Qué enseña la Iglesia sobre los fantasmas? ¿Son reales? ¿Qué se supone que debemos hacer con ellos?
R: Es una muy buena pregunta. He estado pensando en esto últimamente. Como cualquiera que tenga acceso a la televisión sabe, hay muchas películas sobre lo “paranormal” y programas en los que algunas personas afirman poder comunicarse con los difuntos. Además, noviembre es el mes que la Iglesia dedica a la oración por los difuntos, y este puede ser un buen momento para recordar que la Iglesia en la tierra (la Iglesia Militante) y la Iglesia en el cielo (la Iglesia Triunfante) están unidas a la Iglesia en el purgatorio (la Iglesia Purgante). Es sumamente importante aclarar algunas cosas desde el principio.
En primer lugar, la Iglesia católica no tiene ninguna doctrina que trate específicamente sobre los fantasmas, así que ten esto en cuenta al leer este artículo.
Ha habido santos de gran relevancia que han negado la existencia de interacción con fantasmas… pero también los ha habido que tuvieron encuentros de tipo fantasmal; parece que aquí hay cierto margen para el desacuerdo.
Y, sin embargo, la teología sobre la posibilidad de los fantasmas es sólida. Como cristianos, sabemos que la persona humana es cuerpo y alma. Sabemos que en esta vida hay algo más que lo natural: existe lo sobrenatural. Además, creemos que el alma es inmortal. En la muerte, el cuerpo y el alma se separan. En ese momento, la persona experimenta lo que la Iglesia llama el “juicio particular”: va al infierno, al cielo o al purgatorio. ¿Podría ser que Dios, en su sabiduría, permita que ciertas almas manifiesten su presencia a quienes aún viven?
Tanto la vida de la Iglesia como la Sagrada Escritura parecen dar testimonio de esta posibilidad. Para empezar, la Iglesia cuenta con numerosas apariciones documentadas de santos que se han manifestado a personas con un mensaje de parte de Dios. Las múltiples apariciones de la Virgen María son un ejemplo de ello. (Conviene señalar que María podría considerarse una excepción, ya que habita corporalmente en el cielo. Es muy distinta de un fantasma, pues es un ser humano “completo” en el cielo, con cuerpo y alma.) Además, está el relato de cómo el rey Saúl pidió a la bruja de Endor que invocara el espíritu del profeta Samuel en 1 Samuel 28. La Escritura parece presentar esto como un hecho real.
En segundo lugar, la Iglesia enseña de manera muy clara y enfática que todo intento de invocar o contactar a los difuntos está absolutamente prohibido.
Una de las consecuencias personales de esta enseñanza es que nunca debemos buscar ni participar en sesiones espiritistas ni en ningún otro tipo de práctica que intente contactar a quienes han muerto. Otra consecuencia es que no debemos acudir ni poner nuestra confianza en quienes afirman poder comunicarse con los difuntos. Que la Iglesia reconozca que existe un mundo más allá de lo que podemos ver y comprender no significa que atribuyamos todo lo que no entendemos a algo sobrenatural. Las personas pueden mentir. Las personas pueden equivocarse. Con frecuencia hay explicaciones naturales, y los católicos reflexivos deben discernir si lo que ocurre podría tener una explicación natural antes que una sobrenatural.
Además, cuando un médium intenta contactar a los difuntos, no solo está violando la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia, sino que se coloca en una situación en la que quizá no pueda discernir adecuadamente. No solo entre lo natural y lo sobrenatural, sino también entre un posible espíritu humano y algo demoníaco. Los demonios son ángeles caídos que Dios creó buenos, pero que, por su libre elección, quisieron separarse de él. No son amistosos, sino enemigos de la humanidad. Alguien que intenta contactar con un ser del mundo espiritual puede no tener absolutamente ninguna capacidad para distinguir entre un alma humana y un demonio.
En tercer lugar, si Dios permite que un alma se manifieste desde más allá de la muerte, ¿qué se supone que debemos hacer con eso?
Recuerda que esto tendría que ser permitido por Dios. ¿Por qué? Con frecuencia, Dios nos revela cosas porque quiere que actuemos conforme a lo que sabemos. En los muchos casos (aparentemente) fiables de encuentros con fantasmas que he encontrado, parece haber un tema recurrente: la oración. Como ha dicho el Dr. Peter Kreeft, profesor de filosofía en Boston College: “Los fantasmas aparecen en la tierra, pero ya no viven en la tierra. Están en el cielo, en el infierno o en el purgatorio”. Si el alma de una persona fallecida se manifestara, la respuesta adecuada sería la oración. Pero no una oración de miedo. Más bien, ofrecemos oraciones de reparación.
Creemos en la Comunión de los Santos: que la Iglesia existe en tres “planos”: la tierra, el cielo y el purgatorio. Hace poco escuché decir: “La manifestación de los fantasmas es cuando la Iglesia Purgante pide a la Iglesia Militante oraciones de reparación”. Muchos de nosotros, los católicos, olvidamos que ofrecemos oraciones por los difuntos porque creemos que esas oraciones logran algo. Nosotros, los vivos, estamos llamados a orar por los muertos. Estamos llamados a que se celebre la Santa Misa por ellos. Los fantasmas son recordatorios de que nuestros hermanos y hermanas necesitan nuestras oraciones.
El padre Michael Schmitz es director del ministerio para jóvenes y adultos jóvenes de la Diócesis de Duluth y capellán del Newman Center en la Universidad de Minnesota Duluth.