Practica el abandono con esta novena
En un mundo marcado por la ansiedad, el ruido y la confusión, donde corremos de una cosa a otra, es fácil sentirse abrumado y agotado. En momentos como estos, la Novena de Abandono, del místico y Siervo de Dios, el padre Dolindo Ruotolo, nos invita a detenernos y entregárselo todo a Jesús.
Basada en las revelaciones privadas que el padre Dolindo recibió durante la oración, en esta novena Jesús nos habla y nos dice:
Cierra los ojos y déjate llevar por la fluida corriente de Mi Gracia; cierra los ojos y no pienses en el presente, alejando también del futuro los pensamientos, igual que lo harías con la tentación. Reposa en Mí, confía en Mi Bondad y te prometo por Mi Amor que, si dices “Jesús, ocúpate Tú”, que Yo me ocuparé de todo; Yo te consolaré, te libraré y te guiaré (Día 8).
El abandono significa no intentar tomar el control ni imponerse ante una situación difícil. No significa desanimarse ni adoptar una actitud pasiva. Jesús lo explica aún más claramente: ¡Entregarte a mí no significa ni inquietarte, ni estar amargado, ni perder la esperanza, ni tampoco significa ofrecerme una oración pidiéndome que la siga y transformar la preocupación en oración! Está en contra de esta entrega, profundamente en contra, la preocupación, el estar nervioso y pensar en las consecuencias de todo (Día 2).
El verdadero abandono consiste en confiar en Dios con una confianza de hijo.
Al pensar en el abandono, recuerdo a la viuda del Evangelio de Lucas. Ella entrega una sola moneda al tesoro del templo, la moneda judía de menor valor en el mundo antiguo. Pero, aunque nadie lo sabe, excepto Cristo, esa insignificante moneda era todo lo que tenía. Aun cuando representaba todo su sustento, la viuda la depositó en el tesoro del templo, confiada en que Dios proveería para sus necesidades. Eso es el verdadero abandono: confiar a Dios todo lo que tenemos y poseemos, y dejar que él sea el Señor de nuestra vida.
En la Novena de Abandono, Jesús explica que cuando intentamos resolver nuestras ansiedades por nuestra cuenta, nos parecemos a quienes le dicen al médico cómo debe curar, o a un niño que se niega a recibir ayuda. Nuestra interferencia y nuestra constante necesidad de mantener el control dificultan que Cristo actúe y que nosotros podamos reconocer su obra en nuestras vidas. La clave está en dejarnos llevar (Día 3).
En esta peregrinación terrenal, tendremos ansiedades y preocupaciones cotidianas. Pero estas se transformarán cuando las pongamos en las manos de Dios. Descubriremos que Dios no elimina las tormentas de la vida, sino que entra en ellas. Nuestras preocupaciones se convierten en lugares de encuentro con Aquel que primero las ha llevado sobre Sí. Y así creceremos en confianza y en paz.
Sea cual sea la situación, Jesús nos deja esta promesa: Yo te prepararé; te llevaré en Brazos … Y Yo me ocuparé de ello, te lo aseguro (Días 5 y 7).
En medio de esta temporada tan ajetreada, confiemos nuestras preocupaciones, dificultades y ansiedades a Jesús, permitiéndole que se ocupe de todo. Cuando renunciamos a querer controlarlo todo, descubrimos su presencia y su paz.
Otras formas de practicar el abandono cada día
Además de rezar la Novena de Abandono, considera estas formas prácticas de vivir el abandono en la vida diaria:
- En los momentos difíciles, repite: “Jesús, en Ti confío”.
- Cuando te preocupes por el resultado de una situación difícil, haz una pausa y, de manera consciente, pon esa preocupación en las manos de Dios.
- Ora cada día con una lista de tus preocupaciones, confiándolas a Jesús. Comienza diciendo: “Jesús, Tú eres el Señor de mi vida”. Luego continúa presentándole cada una de tus inquietudes: “Jesús, Tú eres el Señor de mi familia. Eres el Señor de mis finanzas. Eres el Señor de...”
- Cada noche, repasa tu día. Da gracias a Dios por Su presencia, Su amor y Su providencia, especialmente en los momentos difíciles.
María Cintorino es licenciada en Teología. Sus escritos han sido publicados en diversas publicaciones, entre ellas Homiletic and Pastoral Review, Our Sunday Visitor y National Catholic Register.