Caminar por el Adviento con la Santísima Virgen
Tanto las lecturas de la Misa como las fiestas que celebramos durante el Adviento presentan a María de manera destacada y llaman nuestra atención hacia ella de un modo especial. ¿Por qué hace esto la Iglesia?
De un modo particular, María nos ayuda a contemplar los dos aspectos esenciales del Adviento: la primera venida de Cristo en Belén y su Segunda Venida al final de los tiempos. Su vida hizo posible la primera venida de Cristo al mundo, y el final de su vida terrenal nos señala nuestro destino último: participar de la vida resucitada de Cristo por toda la eternidad. María, entonces, se destaca como la mejor guía posible para nosotros durante este tiempo santo.
La Inmaculada Concepción (8 de diciembre)
La primera fiesta mariana del Adviento es la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. En este día celebramos que Dios preservó a María del pecado original desde el momento de su concepción. En contraste, la primera lectura de la fiesta (Gn 3, 9‑15, 20) recuerda cómo nosotros hemos sido heridos por el pecado original.
La solemnidad, entonces, señala directamente nuestra necesidad de un Salvador y el primer acto de Dios para traerlo a la tierra. Al preservarla del pecado, Dios preparó a María para ser la madre de nuestro Salvador, poniendo en marcha su plan de salvación.
En el Evangelio del día (Lc 1, 26‑38), el sí perfecto de María contrasta con el no de nuestros primeros padres, invitándonos a reflexionar sobre la libertad que todos tenemos para responder a la gracia de Dios. Por nuestra adopción en Cristo, todos recibimos la gracia para vivir una vida santa. Por lo tanto, siguiendo el ejemplo de María, cada uno de nosotros debe dar su propio sí al llamado del Señor para recibir la herencia preparada para nosotros antes de la creación del mundo.
Nuestra Señora de Loreto (10 de diciembre)
El 10 de diciembre, la Iglesia nos ofrece otra fiesta mariana: Nuestra Señora de Loreto. Restituida al calendario litúrgico por el Papa Francisco en 2019, este día celebra el traslado milagroso de la casa de María en Nazaret a Loreto, Italia. Según la tradición, la casa fue transportada por ángeles durante la noche del 9 al 10 de diciembre de 1294. Lo más probable es que unos cristianos preocupados trasladaran la estructura desde Nazaret en el apogeo de las Cruzadas para protegerla de ser destruida.
Esta fiesta es importante porque subraya la verdad de la Encarnación. Hubo un hogar concreto donde estaba María, donde el ángel Gabriel vino a anunciarle la llegada de Jesús y donde Jesús creció. Al visitar los hogares de nuestros seres queridos en esta temporada festiva, quizá podamos detenernos un momento y recordar que, en Cristo, el Hijo de Dios no solo visitó a su pueblo, sino que verdaderamente ha hecho su morada entre nosotros.
Nuestra Señora de Guadalupe (12 de diciembre)
Desde 1754, la Iglesia ha conmemorado la aparición de la Santísima Virgen a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin en el cerro del Tepeyac, cerca de Ciudad de México. En 1531, la Virgen María se apareció a Juan Diego y le pidió que se construyera un templo en su honor. Cuando el obispo pidió una señal, Nuestra Señora indicó a Juan que recogiera unas rosas castellanas que habían aparecido en la ladera. Llevando las rosas en su tilma, Juan las presentó al obispo y, allí, estampada en su tilma, estaba la famosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Lo significativo es la manera en que María aparece representada en esta imagen milagrosa: se muestra claramente como una mujer mestiza, una mezcla de ascendencia europea (española) e indígena. Esta imagen es también una de las pocas en la tradición cristiana en las que María está embarazada, un recordatorio evidente de la Encarnación de Cristo. El mensaje general de la imagen es claro y contundente: María trae al mundo a un Hijo que será Salvador para todos los pueblos.
Caminar con María
Al llegar a la última semana del Adviento, procuremos prestar especial atención a las lecturas que la Iglesia nos presenta en la liturgia. En este tiempo escuchamos el Evangelio de san Lucas sobre cómo María trajo a Cristo al mundo. Que nuestro camino junto a María en estos días santos disponga nuestros corazones para acoger a su Hijo cuando venga a nosotros esta Navidad y al final de los tiempos.