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 | por Maria Cintorino

Las tradiciones de Adviento nos ayudan a ver la obra de Dios en la historia humana

 

Durante el Adviento, la Iglesia nos invita a vivir un tiempo de preparación y espera. Sin embargo, en lugar de desacelerar, con frecuencia se convierte en la época más ocupada del año, pues nos vemos inmersos en la decoración, las compras y los compromisos sociales. En medio de este ajetreo, es fácil pasar por alto el misterio propio de la temporada de Adviento.

Uno de mis días favoritos del año es la víspera de Navidad, cuando nos encontramos en el umbral entre la expectativa y su cumplimiento. Este momento culmina con la Proclamación de la Navidad, un amplio recorrido por la historia de la salvación que se canta o se recita antes de la Misa de Medianoche. Comenzando con la creación del mundo, expone la fidelidad constante de Dios hacia su pueblo, manifestada en las alianzas con Adán, Abraham, Moisés y David, hasta llegar a la plenitud de los tiempos: el nacimiento de Cristo. Al comprender la obra de Dios a lo largo de la historia, podemos contemplar nuestra propia vida a la luz de su providencia.
 

El Árbol de Jesé

Una manera de reflexionar sobre nuestro lugar en la historia de la salvación durante el Adviento es a través del Árbol de Jesé. Sus lecturas diarias recorren la obra redentora de Dios desde la creación hasta Noé, Abraham, Jacob, David y los profetas, culminando en Cristo. Al colgar cada adorno —un símbolo de las lecturas del día— en el árbol, se nos recuerda visiblemente que Dios realiza su plan con paciencia. Los altibajos del camino del pueblo de Dios se reflejan también en nuestra propia vida. A través del Árbol de Jesé, se nos invita a contemplar la misericordia y la fidelidad de Dios en nuestros fracasos, en los momentos de gracia y en las etapas desafiantes.
 

La Corona de Adviento

La Corona de Adviento también nos recuerda la verdad de la fidelidad de Dios. Cada semana, al encender una vela más, la luz continúa creciendo junto con nuestra expectativa. Nos enseña que la obra de Dios es gradual, no inmediata. Esto evoca a los antiguos israelitas que, durante siglos, anhelaron ver al Mesías antes de morir. Con cada generación que pasaba, la Luz del Mundo se acercaba más. Nuestra vida, igualmente, está marcada por tiempos de anhelo, oscuridad y espera. La Corona de Adviento nos enseña que es precisamente en esas etapas cuando Dios actúa de manera activa en nuestra historia, preparándonos para el cumplimiento de sus promesas, así como preparaba al mundo para su venida.
 

Las Antífonas de la “O”

Ocho días antes de la Navidad, la Iglesia expresa su anhelo por el Mesías pidiendo cada día a Cristo que “venga” a través de las Antífonas de la “O”. En ellas, junto con la Iglesia, hacemos eco del deseo de Israel, no solo por la encarnación de Cristo, sino también por su venida a nuestros corazones para satisfacer nuestros deseos más profundos —pues el corazón humano solo encuentra su plenitud en Cristo—. Cada antífona invoca un título mesiánico específico y concluye con Emmanuel, “Dios con nosotros”, recordándonos que todo alcanza su cumplimiento en él. Él permanece siendo Dios con nosotros.

Estas tradiciones de Adviento hacen mucho más que prepararnos para la venida de Cristo. Nos muestran que el Dios que, con paciencia, preparó al mundo para su Encarnación, realiza también su obra en nosotros de manera gradual. El Adviento es, entonces —un tiempo de preparación—  también un tiempo de memoria: recorremos su fidelidad en nuestra vida al recordar una palabra amable pronunciada en la aflicción, el alimento de Dios a través de su Palabra y su Cuerpo, y los momentos de gracia experimentados incluso en las etapas difíciles. La fidelidad del Árbol de Jesé, la esperanza de la Corona de Adviento y la expectación de las Antífonas de la “O” nos conducen a la alegría de la Proclamación de la Navidad: que el mismo Dios que fue fiel a Abraham, Isaac y Jacob es fiel también a nosotros. Porque él es Emmanuel: Dios con nosotros. 
 


Maria Cintorino Tiene un título en teología. Sus escritos han aparecido en varias publicaciones, entre ellas Homiletic and Pastoral Review, Our Sunday Visitor y National Catholic Register.

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