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 | Por Sheri Wohlfert

Consejos para “escuchar con amor”

“Escucha … e inclina el oído de tu corazón”. - San Benito de Nursia

Nuestros días están llenos de ruido y, por más que algunos días nos gustaría pulsar el botón de “silencio” del mundo, ya que no parece haber ninguno, nos queda la tarea de elegir qué sonidos captan nuestra atención. Como padres, las voces de nuestros hijos deberían encabezar la lista. Sin embargo, debemos distinguir entre “escuchar” esas voces y “oírlas”. Escuchar de verdad no sólo las palabras, sino también las emociones y necesidades que las acompañan es muy importante. He aquí algunas ideas sobre cómo acallar el ruido para escuchar a nuestros hijos.

 

Razón principal

Escuchar con amor fue una de las primeras reglas de San Benito para una hospitalidad cálida y acogedora. Sabía que una forma de hacer que las personas se sintieran queridas, valoradas e incluidas como hijos de Dios era detenerse a escuchar lo que decían.

Pisa el freno

Déjalo todo y escucha. Dedicar a tu hijo toda tu atención durante un breve espacio de tiempo puede hacerle saber y sentir que le importas, y a veces ese es el bálsamo más curativo que podemos aplicar a un día triste, de preocupación o de heridas.

Todo está en los ojos

Escuchar implica mirar. Los sentimientos, significados y necesidades adicionales que pueden no encontrarse en las palabras pueden hallarse en los ojos. Detente, siéntate, levántate o arrodíllate para poder establecer contacto visual y ver aquello para lo que quizás no tengan palabras.

Rebobinar, repetir y repensar

Haz preguntas, si no lo entiendes, como “¿Qué estabas haciendo antes de que ocurriera esto?”, para conocer los antecedentes y replantearte las cosas desde su perspectiva. Un suceso que a un adulto le parece insignificante puede parecerle una catástrofe a un niño pequeño o a un adolescente. Siempre es una buena idea resumir las cosas y repetir lo que crees que has oído para asegurarte de que la atención se centra en lo que les ha pasado a ellos y no en tus juicios sobre la situación.

La audición puede ser un deporte de contacto

Por mucho que queramos mejorar las cosas, a veces no hay palabras para hacerlo, pero nuestra presencia puede llenar el vacío. No pasa nada por abrazarlos y decirles: “Ojalá pudiera hacer que todo fuera mejor”, o “Aunque ahora no tengas palabras para explicarlo todo, estaré aquí cuando estés preparado”.

Oídos por encima de opiniones

No siempre vamos a estar de acuerdo con nuestros hijos, y ellos no siempre necesitan que les digamos cómo lo habríamos hecho de otra manera. Aprender a ser un gran ser humano es un proceso de ensayo y error, y nuestros hijos necesitan saber que los queremos y apoyamos en ambas cosas. Los consejos y opiniones más útiles se sirven bajo petición.

Superpoder auditivo

El Espíritu Santo es el dador de palabras y sabiduría. Esta sencilla oración de tres líneas puede repetirse una y otra vez para ayudarnos a escuchar con el corazón y ofrecer las palabras que realmente puedan ayudar a nuestros hijos: “Ven, Espíritu Santo. Ven ahora. Ven como quieras”. Deja que esta pequeña y poderosa oración pase por tu cabeza la próxima vez que alguien quiera hablar contigo, y Dios guiará lo que oigas y digas.


Sheri Wohlfert es maestra de escuela católica, oradora, escritora y fundadora de Joyful Words Ministries. Sheri bloguea en www.joyfulwords.org.

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