Priorice lo más importante en su ajetreada vida
Cuando estaba en la escuela secundaria, recuerdo haberme sentido casi abrumado por todo lo que “tenía” que hacer: la escuela, los deportes, los amigos y los compromisos familiares. Luego, en la universidad, pensaba que la vida no podía estar más llena, y me reía de la ansiedad de mi yo adolescente. Después, Cait y yo nos casamos, comenzamos nuestras carreras, tuvimos nuestro primer hijo y añorábamos aquellos días universitarios que parecían tan despreocupados. Con cada hijo que llegó después, pensábamos que la vida no podía volverse más ajetreada ni más turbulenta. Sin embargo, de alguna manera, así ha sido.
La vida, objetivamente, se ha vuelto más plena, y sin duda podemos mirar atrás y reírnos de nuestras expectativas y perspectivas de entonces. Sin embargo, he llegado a comprender que, independientemente de las circunstancias de nuestra vida, tendemos a prosperar o a luchar en función de si nuestras “prioridades principales” han recibido o no lo mejor de nuestra atención y energía.
Cuando construimos deliberadamente nuestra vida sobre el fundamento del amor y la fidelidad a Dios, y luego damos prioridad a nuestro matrimonio, a nuestros hijos y a todo lo demás, la vida no necesariamente se vuelve más fácil, pero sí es buena porque está correctamente ordenada. Jesús nos revela que nuestro Padre celestial sabe que necesitamos bienes materiales como alimento, vestido y techo, pero nos instruye: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y se les añadirá todo lo demás” (Mt 6, 33). Parece algo sencillo, pero es sorprendente lo difícil que puede ser vivirlo cuando surgen las tensiones, las alegrías y los desafíos de la vida.
Por eso debemos recordarnos con frecuencia las verdades fundamentales de nuestra fe: soy un hijo amado o una hija amada de Dios. Él me ha redimido y me ha invitado a tener una relación profunda con Él. Dios me ha llamado a una vocación particular y, por lo tanto, me ha concedido toda la gracia y la fortaleza que necesito para ser fiel y dar fruto.
Cada vez que permito que “otras cosas”, incluso cosas buenas como los pasatiempos o el trabajo, se conviertan en mi fundamento o reciban lo mejor de mi energía y esfuerzo, no podré vivir la plenitud de lo que Dios tiene para mí. Nuestras “primicias” deben estar orientadas hacia Dios y hacia nuestra vocación, y debemos confiar en que Él nos dará el tiempo, la energía y la capacidad necesarios para cumplir con nuestras demás responsabilidades. Esto no significa que no nos importen o que no nos esforcemos en otras áreas de nuestra vida, pero esos compromisos no pueden definir constantemente nuestra identidad.
Jesús y nuestras familias merecen lo mejor de nosotros. Este mes, comprométase a vivir una vida correctamente ordenada y vea qué sucede; quizá no sea una vida menos ocupada, pero sí más fecunda.
Pete Burak es vicepresidente de Renewal Ministries. Tiene una maestría en teología y es un orador frecuente en eventos para jóvenes y adultos jóvenes.