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 | Por Doug Culp

El cuarto documento del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes

 

El papa Pablo VI promulgó Gaudium et Spes (Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual) el 7 de diciembre de 1965. Fue la última de las cuatro constituciones promulgadas por el Concilio Vaticano II. A diferencia de las dos constituciones dogmáticas (Lumen Gentium y Dei Verbum), que abordaban las verdades inmutables de la fe, Gaudium et Spes buscó aplicar la verdad dogmática a la vida moderna.

Atenta a los signos de los tiempos 
La premisa fundamental de Gaudium et Spes quedó plasmada en su célebre frase inicial: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (1). Para el Concilio Vaticano II, la solidaridad, el principio católico según el cual todos los seres humanos forman una sola familia, constituía el fundamento sobre el cual debía edificarse el enfoque pastoral de la Iglesia hacia el mundo moderno. En lugar de contemplar el mundo secular con sospecha, los Padres conciliares afirmaron que la Iglesia debe caminar junto a la humanidad, interpretando los “signos de la época” a la luz del Evangelio para servirla mejor (4).
Igualmente importante para la visión de esta constitución fue su énfasis en la dignidad única de toda persona humana, creada a imagen de Dios. A partir de esta realidad, Gaudium et Spes afirmó que el ser humano encuentra su verdadera identidad mediante una “entrega sincera de sí mismo” (24), y no a través del individualismo radical ni del colectivismo estatal. Asimismo, presentó a Cristo como la revelación definitiva de lo que significa ser humano: “Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre” (22).


Una Iglesia comprometida con el mundo
De esta visión surgieron varios cambios importantes en la manera en que los católicos deben relacionarse con la sociedad moderna. Por ejemplo, Gaudium et Spes llevó a la Iglesia de una postura de aislamiento protector frente a los males del mundo secular a una actitud de compromiso con la sociedad y de búsqueda de su transformación a la luz de los valores del Evangelio (véanse los nn. 63-65). Si bien reconoció que la ciencia y la cultura poseen sus propios métodos y una legítima autonomía, también exhortó a la Iglesia a involucrarse en cuestiones como la guerra nuclear, la pobreza, la justicia económica, la tecnología y la participación política, siempre con la mirada puesta en el bien común.
Al hacerlo, Gaudium et Spes también elevó el papel de los laicos católicos. El compromiso con el mundo no debía limitarse al clero. Los fieles laicos fueron llamados a transformar las instituciones seculares mediante el testimonio de su fe vivida y un compromiso firme con la dignidad inviolable de toda persona humana.
Además, la constitución introdujo un cambio significativo en la teología del matrimonio (nn. 48-50). En Gaudium et Spes, el Concilio Vaticano II se alejó de un lenguaje contractual rígido para describir el matrimonio y adoptó el lenguaje de la alianza interpersonal. El matrimonio debía entenderse no simplemente como un acuerdo jurídico, sino como una alianza de vida y amor, reflejo de la entrega total de Cristo y de su unión con la Iglesia. Debidamente ordenado, el matrimonio está llamado a ser tanto procreativo como unitivo.


Un paradigma pastoral perdurable
El mundo al que Gaudium et Spes se dirigía en 1965 estaba marcado por el rápido crecimiento de la tecnología, los cambios en las normas sociales y la amenaza de una guerra nuclear. En respuesta, ofreció un mensaje de solidaridad. Aunque rechazó un secularismo progresista que, en ocasiones, tendía a minimizar el pecado, la doctrina ortodoxa y la necesidad de la salvación, no consideró al mundo secular como un ámbito enteramente hostil.
La influencia de esta constitución se aprecia con especial claridad en las enseñanzas de los pontífices posteriores. En su Teología del Cuerpo, san Juan Pablo II recurrió con frecuencia al número 24 de Gaudium et Spes para fundamentar la ética sexual católica en el don total de sí mismo. Por su parte, el papa Benedicto XVI reforzó el llamado de la constitución a armonizar la fe y la razón en la vida pública. Su encíclica de 2009, Caritas in Veritate, retoma y desarrolla muchos de los temas presentes en Gaudium et Spes. Asimismo, el papa Francisco, a lo largo de su pontificado y en numerosos escritos, ha recurrido con frecuencia al énfasis de la constitución en el acompañamiento, la solidaridad y el cuidado de los pobres. Hoy, Gaudium et Spes sigue siendo un recordatorio fundamental de que los católicos están llamados a comprometerse con el mundo en el que viven con una fidelidad inquebrantable a Cristo y un corazón abierto y lleno de amor hacia toda la humanidad. 


Catequesis del papa León XIV sobre el Concilio Vaticano II
El 2 de septiembre de 2026, el papa León XIV comenzó, durante sus audiencias de los miércoles, una serie de catequesis sobre Gaudium et Spes. El Santo Padre recordó que la actitud de la Iglesia hacia el mundo tiene su fundamento en la propia participación de Cristo en nuestra humanidad: “Una entrega que nos llama a salir de toda pasividad e indiferencia ante los acontecimientos que se producen, ante la historia y la vida de las personas, sobre todo ante el cambio rápido y profundo que experimentamos hoy. No es posible permanecer como espectadores desinteresados, es necesario, en cambio, escuchar con el corazón, dejarse interpelar, involucrarse”. El 7 de octubre de 2026, el papa León añadió que “la Iglesia no está ‘por encima de’ o ‘junto’ al mundo, sino que está injertada en él”. Continuó señalando que Gaudium et Spes “reserva una mención particular (43) a la misión de los fieles laicos, los cuales, en virtud del Bautismo, están llamados a animar el mundo con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio”.
 


¿Sabías que...?
Según A Concise Guide to the Documents of Vatican II (Breve guía de los documentos del Concilio Vaticano II): “Gaudium et Spes fue el único texto del Concilio redactado íntegramente en una lengua moderna: el francés. Aunque fue traducido al latín para su debate en el aula conciliar, los obispos recibieron versiones del texto en las principales lenguas europeas. Esto no se hizo con ninguno de los demás documentos” (Hahnenberg, 70).


 


Doug Culp es el director de operaciones de las Obras Misionales Pontificias de Estados Unidos.

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