Esta es la noche
Una exploración del pregón pascual
Una exploración del pregón pascual
En muchos sentidos, el canto del Exsultet en la Vigilia Pascual es el clímax de todo el año litúrgico. Como pieza final del Lucernarium, la gran liturgia de la luz (que incluye el gran fuego pascual, el encendido del cirio pascual y la distribución de su luz a todos los bautizados), escuchamos este gran himno que proclama las maravillas de lo que Dios ha hecho mediante la muerte y resurrección de Cristo.
En muchos sentidos, el canto del Exsultet en la Vigilia Pascual es el clímax de todo el año litúrgico. Como pieza final del Lucernarium, la gran liturgia de la luz (que incluye el gran fuego pascual, el encendido del cirio pascual y la distribución de su luz a todos los bautizados), escuchamos este gran himno que proclama las maravillas de lo que Dios ha hecho mediante la muerte y resurrección de Cristo.
Esta es la noche
La crucifixión y muerte de Jesús tuvieron lugar durante la celebración judía de la Pascua. La noche antes de morir, Jesús celebró la cena de Pascua con sus discípulos (Lc 22,15). No es de extrañar, pues, que la obra salvadora de la muerte y resurrección de Jesús se interprete como la nueva y definitiva Pascua: “Porque estas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles”, proclama el Exsultet.
En la celebración judía de la Pascua, como parte de la narración de la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto por parte de Dios, se formulan cuatro preguntas. Cada una se centra en un aspecto distinto de la celebración del séder y explora en qué se diferencia esta noche de las demás. Rememorando estas preguntas, el Exsultet incluye varias líneas en las que el sacerdote, el diácono o el cantor anuncia: “Esta es la noche…”
- “Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo”.
- “Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado”.
Con estas líneas (y muchas otras más adelante en el himno), se nos invita a recordar lo que Dios ha realizado en la muerte y resurrección de Cristo. Ese recuerdo (lo que la Iglesia llama anamnesis) no es solo la rememoración de hechos pasados, sino también una forma de hacerlos presentes, aquí y ahora, para que seamos partícipes de la obra salvadora de Dios. Al cantar “Esta es la noche”, queremos decir que la obra liberadora de Dios continúa hoy entre nosotros a través de estas celebraciones tan sagradas.
De la muerte a la vida
Tras la obstinada negativa del faraón a liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto, la última plaga de la historia del Éxodo es la muerte de los primogénitos (véanse los capítulos 11-12 del Éxodo). Dios ordena a su pueblo que marque las jambas y los dinteles de sus casas con la sangre del cordero sacrificado para la cena de Pascua. Al ver esta marca, el ángel del Señor pasa sobre los hogares israelitas, salvándolos de la muerte y logrando su liberación. Una parte esencial de la historia de su libertad es haber sido salvados de la muerte literal.
En nuestro mundo moderno, puede haber una tendencia a pensar que la obra salvadora de Jesús se refiere principalmente a la liberación del pecado. Aunque ciertamente es una parte esencial de su misión, la proclamación por excelencia del Evangelio es que hemos sido liberados de la muerte. El Exsultet nos dice que “Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo”, y termina proclamando “que Cristo resucitó de entre los muertos”. Gracias a la obra salvadora de Cristo, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros.
Dios forma un pueblo
La historia de la Pascua y el Éxodo de Egipto es un momento decisivo en la historia de Israel. Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto y los condujo a su nuevo hogar mediante una columna de fuego por la noche y una columna de nube durante el día. En el desierto, Él les dio los 10 Mandamientos para que aprendieran a vivir como su Pueblo Elegido.
Asimismo, la muerte y resurrección de Jesús nos definen como cristianos. Nos guía nuestra propia “columna de fuego”: Cristo mismo, la luz del mundo. Habiendo sido iluminados por el bautismo (la Iglesia antigua llamaba “iluminación” al bautismo), debemos vivir como el pueblo santo de Dios: “Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos”.
Para quienes puedan asistir a la Vigilia Pascual de este año, escuchen con atención todo lo que se proclama en este hermoso himno. Que nos recuerde que también nosotros hemos sido liberados de la muerte y del pecado para vivir como pueblo santo de Dios.